El acoso escolar, o bullying, como se conoce técnicamente, puede ser un serio problema para nuestros hijos e hijas, especialmente si se sufre en la preadolescencia o adolescencia, ya que estar sometido/a a este tipo de situación por un periodo de tiempo largo puede crear secuelas psicológicas graves en las personas. En nuestra sociedad, son miles de niños/as y adolescentes los/as que sufren este problema.
¿Qué es el bullying?
El bullying o acoso escolar puede ser practicado por un/a acosador/a o un grupo, aunque generalmente una persona ejerce el liderazgo. Sus prácticas pueden ser desde bromas pesadas, o ignorar deliberadamente a una persona, hasta ataques personales o abusos. Generalmente, este comportamiento se produce de una forma reiterada en el tiempo y acaba minando la confianza del niño/a o joven. Si tu hijo o hija comienza a sufrir fracaso escolar, tiende a aislarse, está decaído, siente ansiedad, fobias repentinas, y muestra una total falta de autoestima, pregúntate qué está pasando en el colegio. Los menores que sufren bullying suelen mostrar autoimagen negativa, bajas expectativas de logro, indefensión (convencimiento de que no pueden hacer nada para salvar la situación), evitan acudir al colegio, se aíslan de sus iguales también fuera del centro académico, etc.
Sugerencias para su manejo
Es importante que, antes de averiguar qué pasa y si son o no significativas, el niño/a no tenga la impresión de que sus quejas son menospreciadas, evitando comentarios vacíos de contenido como que son tonterías, o que el menor debe aprender a defenderse solo. Es necesario prestar atención y captar el mensaje de lo que quieren expresar. Normalmente estarán asustados/as y casi siempre avergonzados/as. La expresión corporal, el tono, los gestos y el lenguaje no verbal, también son importantes para detectar problemas de este tipo.
Para empezar a formar parte de la solución al problema, hay que partir de generar confianza en los menores, animando a denunciar los abusos (lo que no será fácil, porque suelen considerar que se chivan, y eso entre sus iguales está mal visto), y sin culparles nunca de ellos, ya que es normal que el niño/a haya interiorizado ya (erróneamente) que si los sufre, será porque algo tiene de malo su persona; y esta creencia no favorecerá su recuperación. Si el/la menor se niega a asistir a la escuela es necesario averiguar en el colegio lo que está pasando. Y si cree que el o la menor necesita ayuda profesional, o como padre/madre requiere apoyo profesional para manejarlo, conviene consultar con un psicólogo/a.