¿Por qué hay más separaciones tras el verano?
El amor es uno de los sentimientos más agradables y positivos que los seres humanos podemos vivir a lo largo de nuestra vida junto con la persona amada; pero a su vez, puede resultar un infierno el convivir con nuestra pareja.
Acabamos de terminar el verano, momento deseado por todos a lo largo de todo el año para poder hacer lo que realmente nos gusta; sin prisas, sin horarios y sin tener que rendir cuentas a nadie de lo que hacemos o no. Es la época de relajarnos, reflexionar y disfrutar de "nuestro" tiempo. Del mismo modo, es el momento en que, probablemente, compartimos más tiempo con "la persona que amamos", una de las mejores situaciones, que podemos experimentar.
Sin embargo, según datos del Instituto de Política Familiar, "una de cada tres parejas que rompen su relación lo hacen al acabar el verano"; nos preguntamos entonces, ¿cuáles pueden ser las causas?. Compartir gran cantidad de tiempo con nuestra pareja, los hijos y la familia, implica el tener una convivencia más estrecha, romper con la rutina creada a los largo del año, tener más momentos para hablar y comunicarse, compartir el mismo espacio físico las 24 horas del día y realizar actividades de forma conjunta, algo a lo que no estamos habituados ya que no suele suceder el resto del año, y a lo que tenemos que adaptarnos.
Nos podemos encontrar, por tanto, con los factores necesarios para que se cultiven o reaparezcan situaciones que disparen conflictos en la pareja. Estas situaciones de convivencia generadoras del desgaste de la relación suelen ser la economía y los gastos, diferente filosofía de vida, la educación de los hijos, el reparto de las tareas domésticas, la necesidad de cada uno para expresar o recibir afecto y mantener relaciones sexuales, las actividades de ocio individuales o en pareja y la relación con los demás miembros de la familia.
Cuando surgen problemas, es muy fácil caer en el error de que es el otro el responsable de que las cosas no funcionen y el que tiene que comprender nuestras necesidades. Así es como comienzan los reproches, las discusiones y las críticas, llegando a un circulo vicioso negativo del que es muy difícil escapar. También se puede producir un mayor distanciamiento e indiferencia hacia el otro, y de este modo, uno encuentra a corto plazo aspectos positivos de hacer lo que a uno realmente le agrada.
Para abordar y solucionar dichos problemas, se tienen que poner en marcha las habilidades de comunicación precisas para exponer las necesidades de cada uno; comprender los deseos del otro y ponernos en su punto de vista; negociar los planes a realizar y, por lo tanto, algo que no suele gustarnos: tener que adaptarnos al deseo del otro, dejar a un lado las ansiadas expectativas de "voy a hacer lo que me plazca" y renunciar a cierta parte de nuestra libertad e independencia. El choque entre las ideas previas de nuestro verano soñado y la realidad puede ser duro, si éstas eran en exceso irreales, individuales y poco fundamentadas.
Durante el año muchas personas han percibido insatisfacción en su relación de pareja sin precisar las causas o han evitado abordar el conflicto. El verano es el momento, de tener tiempo para pensar y ser conscientes de los problemas que existen y de si nos sentimos conformes con nuestra relación. Surgen por lo tanto, dudas sobre lo satisfechos que nos sentimos en ella y cuando comienza "el curso escolar" es habitual plantearse nuevos objetivos y propósitos, contemplando la separación de la pareja como la solución más eficaz y llevándola a cabo finalmente.
Antes de llegar a esta situación insostenible, en primer lugar tendríamos que recapacitar sobre lo que significa el concepto de amor, analizar qué es lo que nos enamoró en su día de nuestra pareja y valorar en qué medida estamos dispuestos a dar todo lo que esté en nuestra mano por el beneficio de un futuro en común adecuado y agradable. Tenemos que pensar que las relaciones de pareja se sostienen si se da un sentimiento de atracción, respeto y admiración hacia el otro, que debemos intentar mantener este sentimiento a toda costa y para ello hay que poner en juego todas las habilidades necesarias para lograr estos objetivos, sin arriesgar nuestra propia independencia ni la autoestima.
Pero no debemos preocuparnos porque podemos aprender estas habilidades. La mejor herramienta es la comunicación. Hablando con nuestra pareja encontraremos las cosas positivas que se han vivido y los elementos a cambiar para que la relación sea satisfactoria para ambos. Además, no tenemos que olvidarnos de la existencia de profesionales expertos que pueden orientarnos para solucionar estos problemas y así lograr la felicidad que todos deseamos.
CNIT Psicología - Elena Arderius Sánchez

