Qué es un ataque de pánico y como superarlo
Todo el mundo ha pasado un momento, en el que por unas razones u otras ha "forzado la máquina" y ha logrado rendir sin límite ante la necesidad que se requería en ese momento: en el trabajo, en la preparación de una boda, en una mudanza, ante la enfermedad de un ser querido... Pero esto, puede cambiar y que de repente el cuerpo nos envíe señales de que se está funcionando de forma anómala y que ya no tolera este ritmo frenético al que le estamos acostumbrando.
Esto sucede porque no se es consciente del nivel de tensión que se está atravesando y las sensaciones físicas de ansiedad ya nos parecen normales. No hay que olvidar que el nivel de activación es más alto de lo que nuestro organismo está preparado para tolerar y que para funcionar adecuadamente necesitamos descansar, desconectar y cuidarnos. El cuerpo no puede estar permanentemente activado y forzado a trabajar al máximo
El nivel de vida actual nos puede obligar a anteponer el deber, la ambición y la auto-exigencia a la tranquilidad, el bienestar y al ocuparnos de nosotros mismos. Nuestro cuerpo, y en especial nuestro sistema nervioso al llegar a ese límite puede desembocar en un ataque de pánico o lo que también se llama, una crisis de ansiedad.
Cuando la persona para este ritmo: se sienta, se prepara para ir a dormir, se sienta en el metro, ve la televisión... el cuerpo rompe con este nivel de activación al que está acostumbrado y le cuesta adaptarse repentinamente, no permitiendo pasar del nivel de alteración al de tranquilidad de un momento a otro.
Al parar de golpe, el cuerpo suele reaccionar con taquicardia, con agitación en el ritmo de la respiración, con mareo, dificultades para respirar, presión en el pecho... Es normal que se piense ¿Qué me sucede? ¿Me estaré muriendo? ¿Será esto un ataque al corazón? ¿Una embolia? Y lógicamente se disparan las señales de alarma. En un momento nuestro cuerpo se activa de nuevo al preocuparse por las reacciones del cuerpo y entramos en el círculo del pánico, produciéndose más síntomas propios de la ansiedad: temblor de piernas, sensación de vértigo, rigidez de nuca, visión borrosa, sensación de flotar e de irrealidad.
¿Cómo creernos que no pasa nada, que es un ataque de ansiedad y que no nos moriremos por ello? ¿Por qué uno sintiéndose tan mal puede no pasarle nada? Es lógico que se desee que eso no vuelva a suceder y se tema volver a tener esas reacciones, pero precisamente por este motivo se comiencen a tener comportamientos que pueden hacer que esto se cronifique: preocuparse y llegar a obsesionarse por las reacciones del cuerpo, anticipar situaciones, alarmarse demasiado, sentirse irascible, evitar la situación en la que uno cree que podría suceder el ataque...
Si esto sucede, lo primero que hay que hacer es descartar que no hay ningún problema físico y orgánico que cause esta sintomatología y posteriormente centrarse en las variables psicológicas, el modo de vida, las medidas de salud que estamos llevando a cabo y qué puede estar influyendo en el estrés o ansiedad mantenida que hace que se haya sobrepasado el límite.
Posteriormente, habrá que ponerse manos a la obra y tomar medidas que rompan con este ritmo de vida para que se introduzcan conductas de vida saludable: alimentación adecuada, ejercicio físico, relaciones sociales positivas, horas de descanso, ocio, actividades agradables y placenteras...
Es imprescindible vivir como "antes del primer ataque de pánico", sin la anticipación y el temor a que vuelva a suceder de nuevo. De esta forma nuestra vida seguirá si que se centre en la inseguridad que se genera ante la incertidumbre de que vuelva a pasar "eso" que tanto se teme y que no siga creciendo la ansiedad, que por otra parte es la causa de que la crisis de ansiedad vuelva a aparecer.
Distraerse, respirar hondo y creerse que realmente no pasa nada, son las claves para superar este problema.
Elena Arderius Sánchez
CNIT Psicología

