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Síndrome postvacacional
Escrito por Elena Arderius
Jueves, 07 de Enero de 2010 17:03
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Al finalizar el mes de septiembre, ya no nos acordamos de los días de descanso, relajación y playa que disfrutamos el mes pasado. Quizá ahora, con la distancia, seamos capaces de identificar si hemos padecido el "Síndrome Postvacacional"; que según apuntan diversos estudios, sufren el 46% de los trabajadores.

Aunque hace unos años no se consideraba un problema, sí que se ha observado en la actualidad que provoca una serie de síntomas que pueden producir un malestar significativo que afecta a la calidad de vida del que lo padece.

Las causas pueden ser variadas y tienen relación con el estilo de vida actual. Vivimos presionados por las obligaciones, el tiempo, la competitividad... y esto hace que nuestro cuerpo cree una serie de rutinas y se adapte para llevar lo mejor posible esta situación. Por otra parte, a lo largo del día buscamos ciertas motivaciones o situaciones agradables que nos ayuden a atenuar las dificultades que en el trabajo se nos puedan plantear.

En el período vacacional, estas rutinas diarias se rompen y aparecen muchos más momentos de ocio y descanso, desapareciendo, por lo general, las preocupaciones. Existe, además, un desorden de horarios, comidas y sueño que afectan a los ritmos que nuestro cuerpo tiene al haberse habituado a esa disciplina a lo largo del año.

A la vuelta de las vacaciones, tenemos que recuperar nuestro ritmo, existiendo un desequilibrio entre lo que la rutina nos exige y lo que nuestro cuerpo es capaz de dar. Además, perdemos los elementos agradables que a lo largo de un mes hemos estado acostumbrados. Por lo tanto, nos sentimos sin ganas de enfrentarnos a esta difícil situación.

Los síntomas de este síndrome son: fatiga, cansancio, falta de apetito, náuseas e insomnio. También se ve perjudicada la capacidad de tolerancia a las situaciones cotidianas del trabajo, caracterizada por una sensación de apatía. En otras ocasiones, al enfrentarse con la obligación de resolver los problemas propios del puesto de trabajo, uno puede sentirse incapaz de tomar decisiones, desconcentrado. El trabajo se va acumulando: se une el trabajo retrasado al nuevo, más la lentitud de no rendir al 100%.

Según el estilo que cada uno tiene de enfrentarse a los problemas, podemos encontrarnos a personas que ante esta situación se vuelvan irritables y agresivos con su entorno o, por el contrario, con tristeza y baja autoestima al sentirse fracasado. Los síntomas suelen remitir en casos extremos como máximo en dos semanas, pero lo habitual es que no nos quede más remedio que "forzar a nuestro cuerpo" para que se acostumbre a la rutina y en tres o cuatro días volvamos a nuestro nivel óptimo de rendimiento.

Para prevenir el Síndrome Postvacacional, lo mejor es intentar aclimatarse al lugar habitual de residencia de forma pausada, organizar una dieta equilibrada y adaptarse a los horarios. Es bueno la comunicación con los jefes y compañeros, donde se aborde el trabajo a realizar de manera programada y positiva. No olvidemos dejar un hueco todos los días para realizar actividades que nos agraden, no pensar sólo en lo bien que lo hemos pasado de vacaciones y lo malo de la situación actual; pero sobre todo, NUNCA pensar que nos quedan 11 meses para volver a tener vacaciones. Para ello, es positivo planificar escapadas para los fines de semana y los puentes y dividir el periodo vacacional en varias partes a lo largo del año.

Y por supuesto, tenemos que considerar el trabajo como una oportunidad para considerarnos útiles a la sociedad, y por ello sentirnos bien con nosotros mismos, dándonos pequeños premios por los éxitos laborales conseguidos.