Cuando sólo se valora el físico

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Sin lugar a dudas, la sociedad actual sobrevalora la estética corporal y por tanto, los trastornos de la alimentación han adquirido una expansión alarmante que no tiene límites: primero por su edad de comienzo: cada vez encontramos jóvenes más pequeños pero también a adultos con mayor edad; además por la gravedad de las consecuencias de los que lo padecen, llegando a causar la muerte y por último, la facilidad para que el entorno lo aprenda y también lo padezca..., es decir es un círculo de donde es muy difícil escapar.

Los trastornos alimentarios más frecuentes y temibles de esta última década, son la anorexia y la bulimia nerviosas, y ambas tienen un común denominador claro y preciso: la búsqueda desenfrenada de la delgadez como medio para alcanzar el éxito y la aceptación social.
Hay que considerar que el actual modelo de cuerpo ideal es inaccesible para la gran mayoría de las personas pero, incomprensiblemente, la sociedad tiende a valorar el aspecto físico propio y del otro, y por ello nos sentimos presionados a "tener que tener un cuerpo perfecto". Esto es irreal y tiene consecuencias incompatibles con una buena salud.

Una dieta aparentemente "inocente", para adelgazar los kilos acumulados en las navidades, puede hacer caer a la persona predispuesta en una obsesión por la propia figura y la disminución del peso, desembocando en la anorexia y/o la bulimia, alcanzando por tanto secuelas importantes.

Según diversos estudios existen distintos factores que pueden favorecer el desarrollo de los trastornos alimentarios. Tenemos que tener cuidado con: las mujeres, jóvenes de entre 13 y 24 años, si han existido antecedentes familiares con problemas de la alimentación o familias preocupadas en exceso por la imagen y la apariencia donde se valora mucho el "qué dirán". Además se ha encontrado que la mayoría son jóvenes estudiosos, aplicados, altamente perfeccionistas y con metas elevadas en la vida. Hay que tener especial cuidado con las personas que han practicado en exceso algún deporte o han llegado a la pubertad con sobrepeso.

Cuando una persona tiene anorexia nerviosa, se provoca voluntariamente una pérdida de peso; al verse gordo, siente un intenso temor a engordar. Hay dos tipos de anorexia: restrictiva: aquella en la que se restringe la alimentación y/o se realiza un exceso de ejercicio físico y la purgativa, en la que se provoca el vómito de lo que se come y/o se usan laxantes o diuréticos.

En la bulimia nerviosa, el individuo consume gran cantidad de comida en un corto periodo de tiempo y se siente descontrolado, sin poder parar de comer. Debido a esto, se autoprovoca vómitos o utiliza muchos laxantes (purgativa) o ayuna o hace en ejercicio físico (no purgativa), ambos comportamientos para no engordar lo que ha ingerido y siempre preocupado por el miedo a engordar.

Para poder ayudar a las personas con anorexia y/o bulimia, tenemos que tener en cuenta que no hay un tratamiento único y que, debido a que generalmente las personas no son conscientes del problema, el entorno más cercano puede ser un enemigo que le obliga a comer. Por lo tanto, hay que abordar el problema desde diferentes frentes: médicos, psicológicos, familiares, amistades, instituto... para intentar mantener unos hábitos de alimentación adecuados, cambiar la percepción de su imagen corporal y sobre todo que la persona se valore a si misma por lo que es y no sólo por su aspecto físico.

Lo que está claro es que tenemos que reflexionar sobre lo que está pasando en nuestra sociedad; para ello, los medios de comunicación tendrían que ofrecer una imagen real de las mujeres y los hombres; los profesionales de la salud tendrían que realizar una detección precoz del problema; las familias, ser sensibles a los comportamientos de sus hijos, reconocer la seriedad del problema, favorecer la comunicación con ellos, no exigirles demasiado en su vida cotidiana y pedir ayuda. Es importante, además, que en el colegio o instituto se eduque a los jóvenes en valorar a cada uno por cómo es, sin caer en las descalificaciones por el aspecto físico que uno tiene.