Hiperactividad
Según la comunidad científica este trastorno tiene su origen en la infancia y se caracteriza principalmente por: inatención, impulsividad y una excesiva actividad motriz, en unos niveles inadecuados en relación con el nivel de desarrollo.
Aunque el trastorno afecta a los dos sexos, sin embargo es más frecuente en niños que en niñas.
Los síntomas a menudo se atenúan al final de la adolescencia, aunque una minoría experimenta el cuadro completo de en medio de la edad adulta. La presencia de estos síntomas se presenta antes de los 7 años de edad, y en dos o más ámbitos, como por ejemplo, en la familia y en la escuela.
Además, deber percibirse una evidencia de deterioro clínicamente significativo de la actividad social, académica del menor.
Es uno de los diagnósticos más frecuentes en niños. Sin embargo, existen muchos casos que son diagnosticados erróneamente. Por ello hay que recurrir a especialistas que nos den una certeza del problema que manifiesta nuestro hijo. De la población infanto-juvenil de un 5 al 7% padece el trastorno y de los cuales el 50% mantiene los síntomas en edad adulta. En el trastorno existen diferentes consecuencias, pero las más destacables son alteraciones del aprendizaje escolar y de relación social, en un entorno cada vez más exigente en comunicación y nivel de conocimiento
Es importante que el niño o adolescente que padece el trastorno curse sus estudios en un centro donde su problema sea conocido y disponga de profesores que conozcan métodos de modificación de conducta, sepan prestarle la atención que requiere sin descuidar a los demás y adaptar las reglas y normas de comportamiento a las posibilidades del niño que padece el trastorno. Además, la relación padres con profesores debe ser continuada y fluida, controlando los deberes, la realización de las tareas y otras actividades,...
En casa, los padres deben supervisar unas normas de disciplina que sean muy claras y explícitas, en un ambiente familiar tranquilo y coherente.
La detección precoz del síndrome facilita la integración social del niño y un buen aprendizaje escolar.
El tratamiento de estos casos suele basarse en una intervención mixta con tratamiento psicológico y otro farmacológico.
La intervención psicológica debe llevarse a cabo por profesionales expertos en psicología infantil y ha de basarse en la actuación en tres esferas (el colegio, en casa como extensión de las actividades y en la familia del niño o niña afectado/a).

