Mamá, me he bloqueado
Muchas noches sin dormir, trabajos, prácticas, dudas resueltas... Tú también despierta por si le haces una taza de café... parece que el examen no es sólo de él, todos habéis tenido algo que ver. Estás muy orgullosa de que tu hijo sea tan responsable y se tome tan en serio sus estudios.
Tu le apoyas incondicionalmente y rezas a todos los santos conocidos... Nervios, se presenta a esa horrible asignatura, el hueso de la carrera... Tú confías en él, se lo ha preparado estupendamente y tiene dominada la materia. Entra por la puerta, ¿qué tal te ha salido el examen?, le preguntas. Llora... "muy mal mamá, me he quedado completamente en blanco y no sabía por donde empezar..." Si esto te resulta familiar y resulta muy habitual, quizá tu hijo tenga ansiedad ante los exámenes.
Es bastante normal estar un poco nervioso antes de un examen e incluso, cierto nivel de ansiedad es necesaria para mejorar el rendimiento mientras se hace la prueba. Pero en algunas personas esta ansiedad es excesivamente intensa y hace que se vean perjudicados su atención, concentración y rendimiento.
Los efectos de la ansiedad se perciben en tres niveles. A nivel fisiológico: cuando la persona tiene síntomas tales como taquicardia, tensión muscular, náuseas, sudoración excesiva, temblores... A nivel cognitivo, se suele pensar "No me va a dar tiempo", "Esto es muy difícil", "No voy a ser capaz de aprobar", "Me voy a quedar en blanco"... y a nivel conductual, lo que la persona suele hacer es no comer, morderse las uñas, ir de un lado a otro sin parar... por lo que lo habitual es no presentarse a hacer el examen.
Estas reacciones impiden tomar decisiones, sentimientos de inseguridad, no fijar la atención en las cuestiones que se nos preguntan, no ser capaz de organizar los pensamientos o recordar lo estudiado... que desembocan en una dificultad a la hora de leer o entender las preguntas, imposibilidad de distribuirse el tiempo para responder cada una de ellas, y por lo tanto un bloqueo mental que hace que la persona sea incapaz de reaccionar.
Normalmente, suelen tener ansiedad a los exámenes los estudiantes que tienden a preocuparse mucho por las cosas, muy perfeccionistas e hiperresponsables. Son personas que se presionan a sí mismos porque no son capaces de aceptar que tienen errores o no se conforman con sacar menos de un 10. Aún sin saberlo, temen el fracaso o en gran número de casos, el que sus padres se sientan decepcionados, ya que bien ellos, o la exigencia de los padres, sobrevaloran la "temida nota" y no el esfuerzo empleado, la motivación sobre la asignatura u otras muchas cualidades que se tienen.
El siguiente paso es saber qué se puede hacer: en primer lugar es imprescindible prepararse bien el examen: asistir a clase y practicar buenos hábitos y técnicas de estudio.
En segundo lugar, hay que reducir al máximo la ansiedad y estar a punto físicamente: no hacer un esfuerzo desmedido el último día, dormir correctamente, no ir con el estómago vacío, lo más adecuado y si es posible no estar enfermo.
Ya en el momento de entrar en la clase, llegar con tiempo suficiente para sentarse en un sitio donde uno se encuentre seguro, evitar encontrarse con gente que pueda ponernos nerviosos y hacer "los repasos de última hora". Cuando nos entregan el examen, leer las instrucciones un par de veces, organizar el tiempo de forma eficiente, comenzar por la pregunta que mejor nos sabemos y sobre todo no apresurarse si los compañeros terminan antes. Durante el examen, es apropiado emplear técnicas de relajación, preguntar al profesor sobre las dudas que se tengan, pensar en cosas positivas que ayuden a mantener la concentración tales como "Esto es sólo un examen", "He estudiado lo suficiente", "Soy capaz de ello"... Si finalmente uno se queda en blanco en una pregunta, no pasa nada, hay que tomarse su tiempo y saltar a otra.
Tu papel es quizá el más importante: apoyarle, aumentar su autoestima y motivarle para que no se rinda. Si no se logra vencer la ansiedad, quizá consultar con un experto puede ser la opción necesaria.

