Los niños tras la separación de sus padres

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La separación de los padre, aunque se lleve a cabo en las mejores condiciones, provoca en el niño que surjan ciertas dificultades debido a que la familia, tal y como el niño la ha conocido durante su vida, cambiará.

Frecuentemente, el período más crítico para lo niños es el año siguiente a la separación de los padres. Durante este primer año, es cuando se suelen dar los mayores cambios en la vida del niño; todo se reorganiza: cambios en sus rutinas diarias, la disciplina, los juegos; por otra parte, suele ser también el período más crítico para los padres. Transcurrido ese año, es cuando comienzan a reducirse los niveles de tensión en el niño, pudiendo adaptarse a la crisis, a no ser que ésta esté mezclada con otras situaciones estresantes y adversas que puedan dar lugar a alteraciones del desarrollo.

Los problemas más frecuentes que genera suelen ser emocionales, seguidos de problemas escolares, sociales y físicos, que tienden a aminorarse con el paso de los años, sobre todo en las niñas. Las reacciones generales más habituales en los niños tras la separación de los padres son tristeza, miedo, hiperresponsabilidad, enfado, culpa, soledad, regresión, problemas escolares, problemas de sueño, problemas de alimentación y fantasías de reunificación de sus padres.

Ser un padre responsable y actuar de forma madura, adulta, pensando en el bienestar de nuestros hijos y en su adecuado desarrollo psicológico no es una tarea personal sencilla, pero es fundamental para la salud del menor; en las situaciones de conflicto es más difícil, más complicado, ya que la persona está inmersa en una gran agitación emocional.

Como padres, separados o no, es importante que seamos conscientes de la gravedad de actuar, no pensando en las necesidades del niño sino en las propias. A veces, es muy difícil en una situación de separación controlar nuestra tristeza, nuestra ira, nuestra inseguridad, nuestro cansancio, y nos dejamos llevar. No siempre se tiene el dominio de sí mismo que haría falta, pero es importante no abandonar la "posición de padre" y que en situaciones de crisis también estamos enseñando a nuestros hijos a comportarse.

La mejor separación es aquella en la que, aunque exista un mínimo conflicto entre los padres, se mantiene al niño al margen de estos conflictos, por mínimos que éstos sean.

Considerando que la separación de los padres representa una experiencia muy estresante para los hijos con consecuencias a corto, medio y largo plazo, es urgente preguntarse cómo hay que tratar esta situación para minimizar el trauma emocional, valorar los factores capaces de amortiguar su impacto y contribuir a que el niño no desarrollo ningún problema psicológico.

No es la separación por sí misma la que determina las alteraciones en los hijos, sino ciertas variables que frecuentemente acompañan la ruptura de la familia. Estas variables son:

- Ausencia física y emocional de la figura parental que no convive habitualmente con los hijos.
- Conflictos entre los padres antes, durante y después de la separación.
- Conflictos post-separación entre las figuras parentales.
- Las discrepancias entre las pautas educativas y otros aspectos relativos al desarrollo emocional del hijo.
- Perder el contacto con familiares, amigos, profesores...
- Las relaciones entre padres-hijos de poca calidad.
- Los cambios en las condiciones económicas.
- Dificultades socio-económicas en uno o ambos progenitores.
- Presencia de problemas psicológicos en una o ambas figuras parentales.
- Actitudes victimistas de los padres.
- Dificultades de ajuste emocional en el niño en el período de la preseparación.
- Múltiples cambios familiares: hogar, colegio, barrio...