La virtud y el defecto de ser perfectas
Enhorabuena si estas leyendo este artículo sentada tranquilamente y dedicándote un tiempo para ti, ¡sí! has oído bien, un tiempo para ti. Y, ¿por qué la enhorabuena?
Realmente, si analizas lo que hiciste el día de ayer te darás cuenta de todo lo que conseguiste: levantarte por la mañana por todo lo que tenías que hacer aun deseando quedarte un ratito más en la cama, tener la casa a punto para cuando el resto se levantase, despertar a tu marido con una sonrisa en la cara, llevar a los niños al colegio, ver lo que les sucede, rendir al cien por cien en las tareas bien sea en casa o en el trabajo, tener la comida a punto, llegar a tiempo a la peluquería, realizar tu comida especial para no saltarte la dieta, llamar a tu madre que es su cumpleaños, hablar con el fontanero... en fin, ¡menudo día!.
Pero ahora piensas, también tendría que haber hecho esto, o aquello...
Quizá esto lo consideras normal, es tu día a día y lo que tienes que hacer y no te das cuenta de que ese nivel de exigencia es demasiado alta. Además, has acostumbrado a los demás a que tienes que ser así y si no, algo está fallando. Nunca llegas a sentirte satisfecha con la vida que llevas y siempre podrías ser mejor.
La sociedad te induce a ser una superwoman; una supermamá, una superesposa, una supermodelo, una supercocinera, una supertrabajadora, una superhija... es decir, tienes que ser perfecta.
¿Qué ocurre con esto? Que el perfeccionismo tiene tres características principales. La primera es la tendencia a fijarse en modelos irreales y por lo tanto a plantearse objetivos irreales. La segunda, es la tendencia a utilizar los pensamientos todo-nada cuando se valora los resultados conseguidos, es decir, las cosas están bien o están mal hechas, no existe término medio; así se considerará un fracaso cualquier cosa que no satisfaga los modelos irreales que previamente uno se había fijado. La tercera característica es un punto de vista selectivo, que hace que uno se centre en sus propios errores y defectos, más que en los logros que en conjunto se consiguen.
Si tú te encuentras en este estado, el resultado puede ser que llegue el momento en el que tu autoestima se vea afectada, no valores lo que haces y sea tu salud, tu cansancio o tu estado de ánimo lo que se vea perjudicado.
Inexplicablemente, lo peor de todo es que si encontramos a alguna mujer que se esfuerza menos y disfruta más de la vida, la llegamos a criticar por ello aun, en el fondo, envidiando su capacidad para dedicarse un poquito de tiempo y decir a algo que no. ¡¡Hay que aprender de ellas!!
¿Qué hacer? Si te pides más cada día, sólo cuando logres aceptar tus fallos, delegues tareas en los que te rodean y dejes algunos momentos para disfrutar de lo que te gusta, alcanzaras cierta tranquilidad y consecuentemente, más energía para poder seguir.
Fíjate en objetivos realistas para plantearte tus metas; no hagas muchos planes para un solo día, distribúyelos en más de uno. Además, en vez de pensar "Tengo que hacer esto bien", piensa "Me gustaría hacer esto bien". Céntrate en lo positivo, valora lo que has conseguido anteriormente, céntrate en el proceso en general, no en los errores conseguidos en particular. Disfruta de lo que hagas, dedica un tiempo para ti y para premiarte por esos logros conseguidos. Asume responsabilidades, pero no creas que todas son tuyas, el mundo no se caería si de repente no haces todo perfectamente bien, ¿sería tan terrible?
Además, "Todos los seres humanos cometen errores", ¿estás de acuerdo, verdad? Seguro que sí, tú eres "perfectamente comprensiva". Muy bien, pues eres humana y por lo tanto vas a cometer errores, acuérdate y permítetelo.
Recuerda: "La vida es larga y compleja, tan difícil como apasionante, llena de dificultades y de placeres. Hay que aprender a vivirla con calidad, pero sobre todo queriéndose, porque si no todo se te puede caer encima y no podrás disfrutarla".

