Si no concibo no concebir...
Según la Sociedad Española de Fertilidad, en 2007 en España 800.000 parejas tenían problemas para concebir hijos y 30.000 se someten anualmente a tratamientos de reproducción asistida, de los cuales nacen 7.000 niños/as. Esta tendencia va en aumento.
Cuando tras un año de relaciones sexuales regulares sin protección no hay concepción, se considera infertilidad (Who, 1993). Esta infertilidad no tiene repercusiones físicas negativas, pero sí puede tenerlas psicológicas cuando el deseo de tener un hijo y, concretamente, de tener un hijo biológico, se convierte en un problema; es decir, cuando supone una frustración en la aspiración a procrear (Llavona y Mora, 2002).
La capacidad de procrear, por defecto, se presupone. Así que su ausencia genera sorpresa y frustración. Supone una alteración del plan de vida de la pareja, que será más complicado sobre todo en dos casos: aquellas personas que tenían programado dedicar su juventud a la función de crianza, y aquellas personas que programaban la parentalidad como culminación de su desarrollo personal.
Así, la infertilidad obliga a un replanteamiento del plan de vida y a una toma de decisiones importantes (reproducción asistida, renuncia, adopción, acogimiento...). El elemento clave que comvertirá esta situación en una crisis crónica será la exposición continuada a la frustración de un alto deseo de paternidad/maternidad biológica. Los estudios longitudinales realizados sobre los tratamientos de reproducción asistida que han terminado en fracaso muestran que las personas que experimentan esta crisis crónica por no tener hijos, la reexperimentarán a lo largo de su vida al afrontar sucesos vitales relacionados con "la ausencia de paternidad", y con mayor intensidad en la etapa en la que esperarían ser abuelos.
Por tanto, la intervención psicológica en infertilidad es necesaria. Si no lo proprociona el centro, conviene buscar un especialista.
El objetivo de la intervención psicológica no es, evidentemente, ayudar a la pareja a satisfacer el deseo de tener un hijo , ya que no está demostrado que correlacione con un aumento de la tasa de concepción. La intervención irá dirigida a la reestructuración de los valores de la paternidad biológica, el autoconceto y el proceso de autodevaluación, los comportamientos depresivos, la culpabilización, la normalización de la sexualidad, el apoyo emocional, la toma de decisiones y el afrontamiento de las intervenciones médicas.
María Álvarez.
Piscóloga col. M-16185

