Intervención terapéutica con EMDR
Información general[1]. María Álvarez. M-16185.
E.M.D.R., o D.R.M.O. son las siglas correspondientes a Eye Movement Desensitization and Reprocessing o, en su adaptación al castellano, Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares.
Se trata de un método psicoterapéutico que comenzó a investigar y desarrollar en 1987 la psicóloga estadounidense Francine Shapiro. Observó que determinados movimientos oculares, en determinadas condiciones, podían reducir la intensidad de los pensamientos perturbadores. Comenzó a investigar con sujetos traumatizados en la guerra de Vietnam y víctimas de abuso sexual y encontró que la técnica EMDR reducía de manera significativa los síntomas del Trastorno por Estrés Post Traumático en estos sujetos (Shapiro, 1989).
Actualmente la técnica utiliza la estimulación bilateral (visual, kinestésica o auditiva) para procesar recuerdos, modificar creencias invalidantes y desensibilizar emociones dolorosas, todo ello en el marco de las experiencias traumáticas.
Por tanto, EMDR es una técnica de abordaje en el tratamiento de las dificultades emocionales causadas por experiencias difíciles en la vida del sujeto, desde fobias, ataques de pánico, muerte traumática y duelos o incidentes traumáticos en la infancia hasta accidentes y desastres naturales. Como método terapéutico, se inserta en la orientación clínica que cada psicoterapeuta maneje, formando parte de un proceso psicoterapéutico.
Según el Diccionario de la Real Academia, la palabra trauma tiene su origen en el gruiego τραῦμα, herida:
1. m. Lesión duradera producida por un agente mecánico, generalmente externo.
2. m. Choque emocional que produce un daño duradero en el inconsciente.
3. m. Emoción o impresión negativa, fuerte y duradera.
El trauma es una herida psicológica que puede ser provocada por situaciones muy variadas. Además de situaciones traumáticas importantes y fácilmente identificables (la muerte o enfermedad grave de un ser querido, una agresión sexual), existe otro tipo de situaciones traumáticas, menos intensas, pero que repetidas de forma continua durante varios años de vida, pueden llevar a desarrollar diferentes síntomas y conductas desadaptativas. La importancia de las causas del trauma no determina la calidad del daño que éste produce. Sus efectos dependerán de cada persona, de su historia y entorno afectivo, del momento en que se haya producido y de su reiteración a lo largo del tiempo.
Tras enfrentarse a un trauma, es esperable que la persona experimente algunos síntomas asociados a malestar emocional. El trauma (independientemente de su origen) afecta a la salud, la seguridad y el bienestar. En algunas ocasiones, estos síntomas desaparecen con el transcurso del tiempo. En otras no, y es común que las personas dañadas por el trauma desarrollen creencias falsas y destructivas acerca de sí mismas y del mundo. Estas creencias generarán problemas en su vida cotidiana, en sus relaciones con los demás, su afrontamiento de determinadas situaciones, etc.
Enfrentarse a un trauma es enfrentarse a un daño, a una amenaza. Cuando nos amenaza un peligro emocional o físico, nuestro sistema nervioso reacciona (la circulación de la sangre es dirigida a los órganos vitales, el corazón late más rápido, aumenta el ritmo de la respiración, los músculos se tensan, y se agudiza un estado psicológico de alerta, etc). Una vez que el peligro ha pasado, este sistema de alerta se detiene y el organismo vuelve a la normalidad. Pero cuando una experiencia que puede implicar dolor, vergüenza, miedo, horror o pánico es abrumadora, puede ocurrir que el sistema nervioso no vuelva a la normalidad y en cambio, mantenga el estado de alerta permanente. Esto implica que la más pequeña situación que recuerde el hecho traumático tiene un efecto sobre el organismo: la de incitarle a reaccionar como si estuviera defendiéndose de la misma manera como lo hizo la primera vez. En esta situación, las reacciones se hacen inadecuadas y la persona puede quedar bloqueada, paralizada, indefensa.
En el proceso con EMDR, el terapeuta trabaja con el paciente para identificar un problema específico que será el foco del tratamiento. Con la ayuda del terapeuta, el paciente describe la experiencia traumática, seleccionando los aspectos más importantes y perturbadores. Trabajando con estos aspectos, se aplica la estimulación bilateral. El terapeuta interrumpe los movimientos oculares cada tanto para asegurarse que el paciente esté procesando adecuadamente.
La estimulación bilateral puede ser:
- Visual (el paciente mueve los ojos de un lado al otro guiado por el terapeuta)
- Auditiva (el paciente escucha sonidos alternados en ambos oídos)
- Kinestésica (el terapeuta golpetea suavemente y en forma alternada sobre las manos o los hombros del paciente
Esta estimulación facilita la conexión entre los dos hemisferios cerebrales logrando el procesamiento de la información y la disminución de la carga emocional. El trabajo de investigación sobre EMDR continúa desarrollándose, ya que el vínculo directo entre su base teórica y los cambios psicológicos y neurobiológicos observables aún no se ha establecido (Brown,T.J; Christman, S.D.; Propper, R.E., en Neuropsychology 2006, vol 20).
El terapeuta guía el proceso, tomando decisiones clínicas sobre la dirección que debe seguir la intervención. La meta es que el paciente procese la información sobre el incidente traumático, llevándolo a una "resolución adaptativa". En las palabras de Francine Shapiro, esto significa: a) una reducción de los síntomas; b) un cambio en las creencias y c) la posibilidad de funcionar mejor en la vida cotidiana. El tratamiento con EMDR puede ser desde 3 sesiones para un trauma simple hasta más de un año para problemas complejos.
[1] Información general para el paciente. Para más información, puede visitar el enlace correspondiente a la Asociación EMDR España www.emdr-es.org o preguntar directamente a la terapeuta.

