Trastornos de la conducta alimentaria
A menudo observamos que una persona de nuestro entorno ha perdido peso significativamente, hace deporte hasta la extenuación de forma obsesiva, reduce al mínimo los alimentos que ingiere, utilizando argumentos inconsistentes para eludir las comidas, o se da “atracones” que conducen a un estado de malestar interno. Todas estas conductas, en función de su intensidad y del grado en que la persona les de importancia y las convierta en el epicentro de su día a día, denotan problemas en la conducta alimentaria que van más allá de un simple “control de peso” para mantener una figura socialmente deseable.
Existe la creencia de que los problemas relacionados con la alimentación se deben un deseo estético de ajustarse a un canon de belleza en el que imperan las tallas pequeñas. No obstante, a menudo los “trastornos de la conducta alimentaria”, que es el nombre técnico de estos desórdenes, obedecen a dificultades emocionales de mayor o menor grado.
Así, conductas como contar calorías de forma obsesiva, realizar el ejercicio necesario para disminuir el número exacto de las que se quieren perder o el sentimiento de orgullo nacido de no satisfacer el hambre pese a sentirla, tienen una función que va más allá del deseo de una figura atractiva para quedar entretejidos con las formas que tenemos de manejar sentimientos como la angustia, la tristeza, el vacío, el enfado… Los trastornos de la conducta alimentaria no se dan en personas emocionalmente sanas, ni son consecuencia de “la falta de voluntad” como algunas personas creen, sino que suelen estar relacionados con problemas clínicos como la depresión, la ansiedad o la adicción a sustancias.
María Álvarez, col. M-16185

