Combatir el estrés: un problema de salud

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En nuestro día a día nos enfrentamos a diferentes exigencias y situaciones estresantes; los problemas económicos y laborales son comunes: evaluaciones en la universidad, dificultades para conseguir trabajo, conflictos con los compañeros, discusiones de pareja, aumento de responsabilidades con la familia o el trabajo, enfermedades de personas queridas, etc.

Cuando nos exponemos a estas circunstacias, estamos demandando un gran esfuerzo de adaptación a nuestro organismo, que tendrá que aportar recursos "extra" para hacerse cargo de la situación. El mantenimiento de este esfuerzo nos genera un desgaste físico y emocional que interfiere en nuestras relaciones con los demás. La suma de todos estos factores va provocando un estado de agotamiento que si  mantenido en el tiempo sin las medidas adecuadas,  genera un problema de estrés. 

Comprender el estrés

Saber cómo manejarlo implica conocer su funcionamiento. El estrés (término adoptado del inglés stress, ‘tensión’) es una reacción fisiológica del organismo, que pone en funcionamiento diversos sistemas ( que implican, fundamentalmente, al eje hipofisosuprarenal y al sistema nervioso vegetativo)  para  afrontar una situación cuando ésta se percibe como una posible amenaza o con una exigencia superior a la habitual.

Como nos sirve para ajustarnos a las demandas del ambiente, es normal manejar respuestas de estrés de forma puntual.  Pero si mantenemos  esa forma de funcionar, estaremos pidiendo a nuestro organismo que funcione continuamente sobreesforzándose. Un funcionamiento así acabará con todas las reservas de nuestro cuerpo, que empezará a funcionar mal.

Es en este momento cuando empezamos a sentir los primeros  síntomas del estrés: dificultad para concentrarnos, problemas de memoria, cansancio, problemas para dormir, angustia,  taquicardia, temblores y mareos. De esta forma, nuestro cuerpo y mente nos están avisando avisan de que están sobrecargados de tensión y de que necesitas reestructurar la forma en la que estás pidiendo a tu organismo que se hago cargo de la situación.

Es fácil pensar que el estrés se debe únicamente a las circunstacias o demandas a la que tenemos que hacer frente, y que por tanto no hay nada que podamos hacer por cambiar y sufrir menos estrés. También es fácil pensar que reducir el estrés nos llevará a reducir nuestro rendimiento y por tanto a empeorar nuestro nivel de vida.   Amabas ideas son falsas: si estamos estresados, no es solamente a causa de   una situación determinada; también es producto de la manera en que afrontamos la situación, la forma de percibir e interpretar los estímulos exteriores a los que estamos expuestos, y las habilidades y capacidad que tenemos para manejar las circunstancias. Si has notado los primeros síntomas y no incorporas cambios, debes saber que tu situación está asociada a la aparición de problemas de salud que disminuirán tu rendimiento y tu calidad de vida.

 ¿Qué hacer para reducir el estrés?

En épocas de estrés, adquirir algunas costumbres sencillas como pueden ser fijar un rato de tiempo libre al día en el que desconectar de las fuentes de tensión, estructurar horarios que nos permitan dormir las horas necesarias, mantener una alimentación equilibrada combinada con la práctica deportiva y potenciar las cosas que nos hacen reir, puede ayudarnos a prevenirlo y reducirlo.

No obstante, cuando las situaciones en las que soportamos estrés empiezan a repetirse, percibimos demandas del ambiente muy difíciles de afrontar, etc, el cambio debe ser más profundo e ir encaminado a la forma de afrontar las demandas que percibimos que nos exige la vida. Cambiar el estilo de afrontamiento  no es fácil; es una decisión que únicamente puedes tomar tú.  Pero para lograr una mejora definitiva en tus problemas de estrés una opción es contactar con un  profesional experto que te ayude a orientar y lograr el cambio que deseas, para poder experimentar una mejora en tu salud, tu rendimiento y tu calidad de vida y la de las personas que te importan.